jueves, 15 de octubre de 2009

Si quieres el Nobel prepara la guerra: Si vis pacen, para bellum

Si quieres el Nobel prepara la guerra: Si vis pacen, para bellum
por Carlos Tena

www.insurgente.org
Hay galardones que, con el transcurso del tiempo, van adquiriendo una tonalidad diferente de la que sería de desear. Ni el famoso Oscar cinematográfico contiene ya en su estatuilla una supuesta calidad en el trabajo de quien lo alza en público, ni los Nobel, en una gran mayoría, van a parar a las manos (cuentas corrientes) de aquellos que en verdad lo meritan. No digamos ya el denominado de la Paz para el que el inventor de la dinamita legó también una enorme cantidad de coronas, que desde 1901 detentan personajes tan antagónicos como Adolfo Pérez Esquivel y Thomas Woodrod Winson, la Cruz Roja y Los Quakers, Albert Schweitzer y Lech Walesa, Martin Luther King y Oscar Arias, a quienes se premió por el esfuerzo que una desarrollaron en favor de la concordia, la justicia, la ausencia de violencia, la protección de los más débiles, la infancia o el mismo planeta. Es evidente que en las discusiones de las que surge el nombre del ganador, hay ocasiones en las que el aquavit o el glögg, presentes en las cachupinadas noruegas de toda índole, alteran el normal funcionamiento de los miembros del comité encargado de esta elección.

Cuando ese comité de sesudas mentes nórdicas, en este caso no suecas, cuya visión sobre “un trabajo en favor de la paz” debe ser la misma que mantiene el Papa sobre sus obispos pedófilos, es decir, idéntica a la que Patxi López aplica al término democracia, acaba de dar la campanada al decidir que el presidente Obama sea honrado con ese título. No he podido por menos que recordar que una misma pléyade de rigurosos cerebros, consideró hace años que el criminal Henry Kissinger obtuviera el mismo nombramiento, tras haber teledirigido, entre otros delitos contra la humanidad, la tortura y asesinato, por medio de generales tan pacíficos como Pinochet o Videla, de centenares de miles de inocentes ciudadanos latinoamericanos.
El portavoz del instituto que otorga el Nobel de la Paz, consciente del efecto sorpresa que iba a causar la noticia, con un semblante parecido al de Billy Cristal abriendo el sobre mientras pronuncia “And the winner is…”, leyó ante los micrófonos el resultado, asegurando lo insólito del hecho de que en sólo ocho pocos meses, una persona como el mandatario que ocupa hoy la Casa Blanca, “…habia realizado enormes esfuerzos por el diálogo y la diplomacia, generado una opinión extraordinariamente favorable entre millones de personas”. Tanto entusiasmo como George W. Bush ordenando la invasión de Irak, atemperado siete años más tarde, tras haberse conocido las mentiras y manipulaciones que su gobierno desplegó para acaparar el petróleo de aquella masacrada nación.
Como suele ser habitual, yerro en mis predicciones. Imaginaba que Evo Morales, Hugo Chávez, Fidel Castro o Rafael Correa, Cristina Fernández o Ignacio Lula podrían haberse alzado con ese título. Pero no. Al parecer, esos señores herederos de la voluntad de Alfred Nobel no consideran que luchar por la sanidad pública sea merecedor de nada; que combatir la miseria sea igualmente fundamental para una sociedad, que asegurar los mínimos para una población en orden a su sustento sea una formidable guerra contra el hambre y la injusticia. Tal vez estoy equivocado. Obama recibirá un cheque de 10 millones de coronas noruegas (poco menos de dos millones de dólares) por mantener al 12% de los norteamericanos sin atención médica, a pesar de sus promesas de protección social; por continuar aplicando el infame bloqueo contra la población cubana, pese a sus primeras intenciones; por no clausurar el campo de concentración de Guantánamo, como aseguró en sus discursos previos a la toma de posesión del cargo; por dejar en la calle, sin hogar, a más de dos millones de compatriotas; por no ordenar que las tropas invasoras en Irak abandonen la zona, como había asegurado en su campaña; por enviar más tropas a Afganistán, el país más pobre del globo, con la disculpa artera del peligro talibán; por consentir que un terrorista como Luis Posada Carriles camine en libertad por territorio yanqui; por no permitir que se juzgue con garantías a los Cinco Héroes cubanos, condenados a penas exorbitantes por delitos no demostrados. La lista, querido y flamante Obama, debería levantar un mínimo rubor en tus tostadas mejillas.
El presidente de los USA ha sido premiado pues, no por su indemostrable lucha por la paz y la justicia, sino porque sigue apoyando todas las guerras que comenzaran sus antecesores, con el único cambio que supone su sonrisa, y sus declaraciones falsas, imprecisas, cobardes y exentas de toda voluntad de pacificación. Por ese incumplimiento de los compromisos adquiridos con sus votantes, por sus intenciones, mas no por sus obras. Este tipo de recompensa consigue el mismo efecto que un anuncio de pildoras contra la gripe porcina: son una monumental mentira, una trampa tan descarada, que aquel ciudadano que crea de corazón que Obama ha hecho esfuerzos por la paz, no sólo se miente a si mismo, sino que es capaz de creer que Benedicto XVI, cuando protege a un obispo o cardenal sodomizando a un adolescente, merece el premio a la Bondad Suprema. El Nobel de la Paz sigue manchado de sangre inocente. ¿Hasta cuando?

El capitalismo es devastador: El escándalo de los agrocarburantes en los países del sur; un análisis del Catedrático François Houtart

InSurGente.- En los próximos 50 años tendremos que cambiar de ciclo energético, pasando de la energía fósil, que es cada vez más rara, a otras fuentes de energía. En el corto plazo es más fácil de utilizar lo que es inmediatamente rentable, es decir los agrocarburantes. Esta solución, al reducirse las posibilidades de inversión y al esperar ganancias rápidas, parece la más requerida a medida que se desarrolla la crisis financiera y económica."

Como siempre, en un proyecto capitalista, se ignora, lo que los economistas llaman, las externalidades, es decir, lo que no entra dentro del cálculo del mercado, para el caso que nos preocupa, los daños ecológicos y sociales. Para contribuir con un porcentaje entre el 25 a 30% de la demanda, a la solución de la crisis energética, se tendrán que utilizar centenas de millones de hectáreas de tierras cultivables para la producción de agroenergía en su mayor parte en el Sur, ya que el Norte no dispone suficientemente de superficie cultivable. Se tendrá, igualmente según ciertas estimaciones, que expulsar de sus tierras al menos a 60 millones de campesinos. El precio de estas « externalidades » no pagado por el capital sino por la comunidad y por los individuos, es espantoso.Los agrocarburantes son producidos bajo la forma de monocultivos, destruyendo la biodiversidad y contaminando los suelos y el agua. Personalmente, he caminado kilómetros en las plantaciones del Choco, en Colombia, y no he visto ni un ave, ni una mariposa, ni un pez en los ríos, a causa del uso de grandes cantidades de productos químicos, como fertilizantes y plaguicidas. Frente a la crisis hídrica que afecta al planeta, la utilización del agua para producir etanol es irracional. En efecto, para obtener un litro de etanol, a partir del maíz, se utilizan entre 1.200 y 3.400 litros de agua. La caña de azúcar también necesita enormes cantidades de agua. La contaminación de los suelos y el agua llega a niveles hasta ahora nunca conocidos, creando el fenómeno de « mar muerto » en las desembocaduras de los ríos (20 Km² en las desembocadura del Missippi, en gran medida causado por la extensión del monocultivo de maíz destinado al etanol).La extensión de estos cultivos acarrea una destrucción directa o indirecta (por el desplazamiento de otras actividades agrícolas y ganaderas) de los bosques y selvas que son como pozos de carbono por su capacidad de absorción.El impacto de los agrocarburantes sobre la crisis alimentaria ha sido comprobado. No solamente su producción entra en conflicto con la producción de alimentos, en un mundo donde, según la FAO, mas de mil millones de personas sufren de hambre, sino que también ha sido un elemento importante de la especulación sobre la producción alimentaria de los años 2007 y 2008. Un informe del Banco mundial afirma que en dos años, el 85% del aumento de los precios de los alimentos que precipitó a mas de 100 millones de personas por debajo de la línea de pobreza ( lo que significa hambre), fué influenciado por el desarrollo de la agroenergía. Por esta razón, Jean Ziegler, durante su mandato de Relator Especial de las Naciones Unidas por el Derecho a la Alimentación, calificó los agrocarburantes de « crimen contra la humanidad » y su sucesor, el belga Olivier De Schutter ha pedido una moratoria de 5 años para su producción.La extensión del monocultivo significa también la expulsión de muchos campesinos de sus tierras. En la mayoría de los casos, aquello se realiza por la estafa o la violencia. En países como Colombia e Indonesia, se recurre a las Fuerzas armadas y a los paramilitares, quienes no dudan en masacrar a los defensores recalcitrantes de sus tierras. Miles de comunidades autóctonas, en América latina, en África y en Asia, son desposeídas de su territorio ancestral. Decenas de millones de campesinos ya han sido desplazados, sobre todo en el Sur, en función del desarrollo de un modo productivista de la producción agrícola y de la concentración de la propiedad de la tierra. El resultado de todo esto es una urbanización salvaje y una presión migratoria tanto interna como internacional.Es necesario igualmente anotar que el salario de los trabajadores es bien bajo y las condiciones de trabajo generalmente infrahumanas a causa de las exigencias de productividad. La salud de los trabajadores está también afectada gravemente. Durante la sesión del Tribunal Permanente de los Pueblos sobre las empresas multinacionales europeas en América latina, realizada paralelamente a la Cumbre europea latinoamericana, en mayo del 2008, en Lima, fueron presentados muchos casos de niños con malformación, debido a la utilización de productos químicos en el monocultivo de plátano, soya, caña de azúcar y de palmeras.Decir que los agrocarburantes son una solución para el clima, está igualmente a la moda. Es verdad que la combustión de los motores emite menos anhídrido carbónico en la atmósfera, pero cuando se considera el ciclo completo de la producción de la transformación y de la distribución del producto, el balance es más atenuado. En ciertos casos, se convierte en negativo en relación a la energía fósil.Si los agrocarburantes no son una solución para el clima, si no lo son que de una manera marginal, para mitigar la crisis energética, y si ellos acarrean importantes consecuencias negativas, tanto sociales como medio ambientales, tenemos el derecho de preguntarnos porqué ellos tienen tanta preferencia. La razón es que a corto y mediano plazo aumentan de manera considerable y rápidamente la tasa de ganancia del capital. Es por esto que las empresas multinacionales del petróleo, del automóvil, de la química y del agronegocio, se interesan al sector. Ellos tienen como socios al capital financiero ( George Soros, por ejemplo), los empresarios y los latifundistas locales, herederos de la oligarquía rural. Entonces la función real de la agroenergía, es en efecto ayudar a una parte del capital a salir de la crisis y a mantener o eventualmente aumentar su capacidad de acumulación. En efecto, el proceso agroenergético se caracteriza por una sobreexplotación del trabajo, la ignorancia de las externalidades, la transferencias de fondos públicos hacia el negocio privado, todo aquello que permite ganancias rápidas, pero también una hegemonía de las compañías multinacionales y una nueva forma de dependencia del Sur con respecto al Norte, todo aquello presentado con la imagen de benefactores de la humanidad ya que producen "energía verde". En lo que concierne a los gobiernos del Sur, ellos ven ahí una fuente de divisas útiles de mantener, el nivel de consumo de las clases privilegiadas.Por lo tanto, la solución es, reducir el consumo, sobre todo del Norte y de invertir en nuevas tecnologías (solar especialmente). La agroenergía no es un mal en sí y puede aportar soluciones interesantes a nivel local, a condición de respetar la biodiversidad, la calidad de los suelos y del agua, la soberanía alimentaria y la agricultura campesina. Es decir, lo contrario de la lógica del capital. En Ecuador, el Presidente Correa ha tenido el coraje de detener la explotación del petróleo de la reserva natural del Yasuni. Esperemos que los gobiernos progresistas de América latina, del África y del Asia, tengan la misma firmeza. Resistir en el Norte como en el Sur, a la presión de los poderes económicos es un problema político y ético. Por lo tanto, denunciar el escándalo de los agrocarburantes en el Sur se constituye en un deber- François Houtart, Ex-catedrático de la Universidad Católica de Lovaina, fundador del Centro Tricontinental y autor del libro "La Agroenergía-Solución para el clima o salida de crisis para el capital?", Ruth Casa editorial y Ediciones Sociales La Habana, 2009Fuente: Alai Amlatina, 09/09/09.-

miércoles, 14 de octubre de 2009

Cuba frente a las contradicciones de la administración Obama
Salim Lamrani
Rebelión
Revisado por Caty R.
El 23 de septiembre de 2009, el presidente Barack Obama se dirigió por primera vez a la Asamblea general de las Naciones Unidas con ocasión de un discurso saludado por el conjunto de la comunidad internacional. Obama reconoció que el intervencionismo a ultranza de Estados Unidos en los asuntos internos de otros países fue un grave error. “Ninguna nación puede aceptar la tiranía de otra nación mediante la fuerza”, declaró, añadiendo que “ninguna nación puede ni debe tratar de dominar otra nación”. “La democracia no puede ser impuesta a otra nación desde el exterior. Cada sociedad tiene que buscar su propio camino, y ningún camino es perfecto. Cada país tiene que seguir un camino enraizado en la cultura de su pueblo y en sus tradiciones, y debo admitir que Estados Unidos ha sido selectivo demasiadas veces en su promoción de la democracia”, concluyó.1
El presidente Obama dio pruebas de lucidez e inteligencia al declarar que Estados Unidos debía “entrar en una nueva era de compromiso basado en los intereses y el respeto mutuos”. Dirigiéndose a sus detractores, refutó cualquier doble discurso y les lanzó un reto: “Les pido que echen un ojo a las acciones concretas que hemos emprendido en apenas nueve meses”.2
La buena voluntad del ex senador de Illinois no se ha de poner en tela de juicio. Por eso obtuvo el Premio Nobel de la Paz 2009. No obstante, resulta imposible ignorar las evidentes contradicciones entre la retórica del inquilino de la Casa Blanca y la realidad de los hechos, particularmente en lo que se refiere a la política de Washington hacia Cuba.


Los avances
En abril de 2009, Obama declaró su voluntad de “buscar un nuevo comienzo con Cuba”.3 “Creo que podemos llevar la relación entre EE.UU. y Cuba en una nueva dirección”, subrayó. “Estoy aquí para lanzar un nuevo capítulo de acercamiento que continuará durante mi mandato”, dijo, al anunciar el levantamiento de las restricciones que afectan a los cubanos que viven en Estados Unidos y tienen familia en la isla. No obstante, tuvieron que esperar hasta el 3 de septiembre de 2009 para que esa decisión entrara en vigor. Ahora, los cubanos pueden viajar a su país de origen cuantas veces quieran (en vez de 14 días cada tres años antes) y mandar remesas ilimitadas a sus familiares (en vez de 100 dólares al mes, como antes).4
La administración Obama también amplió la gama de productos que pueden enviarse a Cuba a la ropa, productos higiénicos y material de pesca (prohibidos antes). Además permitió a las empresas estadounidenses de telecomunicación que proporcionaran algunos servicios a Cuba (conviene subrayar no obstante que el marco legal para ello existe desde 1992).5
En septiembre de 2009, Bisa Williams, subsecretaria de Estado para los Asuntos Interamericanos, viajó a Cuba con el fin de conversar con el viceministro de Relaciones Exteriores, Dagoberto Rodríguez. Ambos entablaron conversaciones sobre la restauración del servicio postal entre Cuba y Estados Unidos, suspendido desde 1963, y las cuestiones migratorias. La visita de Williams, prevista para 24 horas, duró seis días. Se trata del más alto funcionario en visita oficial a Cuba desde 2002.6 La subsecretaria de Estado aprovechó la ocasión para asistir al concierto histórico que dio el cantante colombiano Juanes en La Habana, que reunió a más de un millón de personas.7
Las señales negativas
Si conviene enfatizar esas iniciativas positivas, así como el lenguaje diplomático mucho menos agresivo hacia La Habana, hay que recordar que las relaciones actuales entre ambas naciones no han llegado ni siquiera al estatu quo bajo la administración Clinton. Por otra parte, los ciudadanos cubanos que viven en Estados Unidos y que no tienen familia en su país de origen todavía no pueden viajar allí.
La administración Obama, contrariamente a sus declaraciones constructivas, se ensañó en aplicar con celo las sanciones económicas contra Cuba. Así, según la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (Office of Foreign Assets Control, OFAC) del Departamento del Tesoro, desde la entronización de Obama en el poder en enero de 2009, al menos siete multinacionales fueron sancionadas por una suma total que supera los seis millones de dólares. No obstante, todas las infracciones se habían cometido mucho antes de la llegada al poder del senador de Illinois. Así, en agosto de 2009, el banco australiano ANZ recibió una multa de 5,7 millones de dólares por haber realizado transacciones con Cuba mediante sus subsidiarias estadounidenses entre 2004 y 2006. Otra vez, el carácter extraterritorial de las sanciones económicas se aplicó con rigor contra una entidad extranjera.8
Por otra parte, el 14 de septiembre de 2009, el presidente estadounidense decidió prorrogar un año la Ley de Comercio con el Enemigo de 1917, que establece las sanciones económicas contra Cuba. Imitó así a todos los presidentes estadounidenses desde 1962 y evocó razones de “emergencia nacional”. No obstante, la renovación anual no era necesaria para el mantenimiento de las sanciones económicas, ya que desde 1996 y la adopción de la ley Helms-Burton, sólo el Congreso está habilitado para eliminarlas. Es lamentable que Obama no haya aprovechado la oportunidad, de todas formas simbólica, para actuar de manera diferente a sus predecesores.9
El 21 de septiembre de 2009, el Departamento de Estado se negó a otorgar una visa al presidente de la Asamblea Nacional cubana, Ricardo Alarcón, a quien la presidenta del Black Caucus del Congreso estadounidense, Barbara Lee, había invitado. Al día siguiente, Washington prohibió a cerca de 30 médicos estadounidenses que participaran en un Congreso Internacional de Ortopedia en La Habana. En octubre de 2009, la Filarmónica de Nueva York, que había previsto actuar en la capital cubana del 30 de octubre al 2 de noviembre, tuvo que suspender su viaje después de que el Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro se negaran a conceder una licencia a los 150 patrocinadores que habían financiado el proyecto. No obstante, en 2008, había actuado en Corea del Norte y pronto celebrará un concierto en Vietnam.10
El senador demócrata Byron Dorgan declaró su total incomprensión durante una intervención en el Senado: “Es casi increíble lo que aún estamos haciendo con respecto a la política de viajes con Cuba. Tenemos que pasar por estos disparates de que el gobierno federal y el Departamento del Tesoro nos digan quién puede y quién no puede viajar. En mi opinión, que se restrinja la libertad del pueblo estadounidense es indignante”.11
El 1 de octubre de 2009, varios líderes del Congreso se encontraron en la sede de la Cámara de Representantes con el fin de promover la aprobación de una legislación presentada en marzo de 2009 que pone fin a la prohibición de viajar a Cuba para los ciudadanos de Estados Unidos y exigir el cambio que prometió el presidente Obama. Los representantes demócratas Charles Rangel y Bill Delahunt así como el republicano Jeff Flake, exigieron la adopción de la ley –que dispone por ahora del apoyo de 161 representantes y 33 senadores que firmaron el documento– antes del fin del año 2009. Para ser adoptada, le ley tiene que reunir 218 votos en la Cámara y 60 en el Senado. No obstante, Barack Obama dispone de las prerrogativas necesarias para poner fin a esta prohibición firmando una simple orden ejecutiva.12
Wayne S. Smith, antiguo jefe de la Sección de Intereses Norteamericanos en La Habana entre 1979 y 1982, deploró la falta de iniciativas del nuevo presidente. “No ha hecho nada”, lamentó. También criticó la actitud de algunos representantes, tales como Bob Menéndez y otros de Florida, que “bloquean la legislación”. “Deberíamos iniciar un diálogo y levantar las restricciones de viaje” para los ciudadanos estadounidenses, que pueden viajar a China, Vietnam o Corea del Norte, pero no a Cuba.13
La diplomacia cubana informó de su decepción al respecto. El canciller Bruno Rodríguez, quien saludó la buena voluntad de Obama calificándolo de “político moderno, inteligente y animado de buenas intenciones”, lamentó sin embargo que no haya aprovechado “la oportunidad histórica de usar sus facultades ejecutivas o de liderar la eliminación del bloqueo a Cuba”.13
Contradicciones
Resulta inevitable poner a Obama frente a sus propias contradicciones. Por un lado, ante la Asamblea General de la ONU , pronunció las siguientes palabras: “Los pueblos del mundo quieren un cambio. No tolerarán más a los que se encuentran del lado equivocado de la historia”. Por otra parte, tuvo que recurrir a una ley guerrera de 1917, sólo aplicada a Cuba, para prorrogar el estado de sitio contra una pequeña nación del Tercer Mundo que jamás ha cometido agresión alguna contra Estados Unidos. Por un lado, afirma que “las divisiones tradicionales entre las naciones del Sur y el Norte no tienen ningún sentido en un mundo interconectado, y los alineamientos de naciones arraigadas en las oposiciones de una guerra fría acabada hace mucho tiempo tampoco”. Por otra parte, persiste en aplicar una política obsoleta, cruel e ineficaz cuyas primeras víctimas son los sectores más frágiles de la población cubana, a saber, las mujeres, los ancianos y los niños.15
A pesar de la oposición unánime de la comunidad internacional que condenó en 2008 por decimoséptima vez consecutiva el estado de sitio económico impuesto a Cuba (185 votos contra 3), del mundo de los negocios estadounidense que ve sus intereses gravemente afectados pues un mercado natural está en manos de las multinacionales europeas, asiáticas y latinoamericanas, la voluntad de la mayor parte de la opinión pública estadounidense que desea una normalización de las relaciones entre ambas naciones y una corriente favorable en el Congreso estadounidense a favor de un cambio de política, la administración Obama persiste en aplicar sanciones económicas unilaterales anacrónicas que representan el principal obstáculo al desarrollo económico de la isla. Si es cierto que el presidente no puede eliminar definitivamente el embargo (hace falta una decisión del Congreso), puede aliviarlo considerablemente mediante decisiones ejecutivas y licencias.16
El ex presidente Bill Clinton, cuya esposa Hillary Clinton es actualmente secretaria de Estado, calificó por su parte las sanciones económicas de política “absurda” y de “fracaso total”. Así, desde su imposición en agosto de 1960, las sanciones estadounidenses han costado la bagatela de 96.000 millones de dólares a la economía cubana.17
La Habana ha reiterado muchas veces su disposición a resolver todos los diferendos que oponen a los dos países con tal que el diálogo tenga lugar sobre una base de reciprocidad, de respeto de la soberanía y de no injerencia en los asuntos internos.
Si el presidente Obama desea alcanzar un modus vivendi con el gobierno cubano, debe adoptar las siguientes medidas por orden de prioridad:
- Liberación de los cinco presos políticos cubanos encarcelados en Estados Unidos desde 1998 acusados sin razón de “conspiración en vistas de cometer actos de espionaje”. Ninguna prueba ha podido presentarse en su contra. No obstante, fueron condenados a un total de cuatro cadenas perpetuas y 77 años de cárcel. Obama dispone de las prerrogativas necesarias para otorgarles un indulto presidencial.18
- Alivio de las sanciones económicas. Como he señalado antes, Obama puede reducir ampliamente su impacto mediante simples órdenes ejecutivas.
- Extradición del terrorista Luis Posada Carriles, ex agente de la CIA responsable de más de un centenar de asesinatos y refugiado en Miami, y al cual Estados Unidos se niega a juzgar.19
- Supresión de Cuba de la lista de países terroristas. Estados Unidos ha incluido arbitrariamente a Cuba en la lista de países terroristas para justificar su política hostil hacia La Habana. La comunidad internacional no toma en serio esta inclusión y la considera como una simple maniobra política de desprestigio. Conviene recordar que Nelson Mandela formó parte de dicha lista hasta julio de 2008.
- Abolición de la Ley de Ajuste Cubano que fomenta la emigración ilegal hacia Estados Unidos. En efecto, cualquier cubano que entra legal o ilegalmente en Estados Unidos consigue automáticamente al cabo de un año el estatus de residente permanente y diversas ayudas para obtener una vivienda y un trabajo. Esta legislación, única en el mundo, favorece la fuga de cerebros y priva a Cuba de un considerable capital humano.20
- Cancelación de todos los programas de subvención con destino a la oposición interna en Cuba. Obama puede acabar con el financiamiento de los grupúsculos internos, ilegal según el código penal cubano y la legislación internacional.21
- Supresión de las emisiones subversivas de Radio y TV Martí, dirigidas a desestabilizar al gobierno cubano.
- Devolución de la base naval de Guantánamo que stados Unidos ocupa ilegalmente desde 1902, contra la voluntad soberana del pueblo cubano.
La buena voluntad del presidente Obama debe traducirse rápidamente en actuaciones concretas con el fin de normalizar las relaciones entre La Habana y Washington. Debe demostrarle al mundo que merece efectivamente el Premio Nobel de la Paz.
Notas
1 Barack Obama, « Remarks by the President of the United States to the United Nations General Assembly», The White House, 23 de septiembre de 2009. http://www.whitehouse.gov/the_press_office/Remarks-by-the-President-to-the-United-Nations-General-Assembly/ (sitio consultado el 24 de septiembre de 2009).
2 Ibid.
3 The Associated Press , «Obama Seeks ‘New Beginning’ With Cuba», 17 de abril de 2009.
4 Macarena Vidal, «Obama ofrece ‘un nuevo comienzo’ en las relaciones con Cuba», EFE, 17 de abril de 2009.
5 John Dorschner & Monica Hatcher, «Liberan a los viajes a Cuba», El Nuevo Herald, 13 de abril de 2009.
6 Matthew Lee & Paul Haven, «US, Cuba Held Unannounced Talks», 30 de septiembre de 2009.
7 El Duende, «Una americana cantando con Juanes», 30 de septiembre de 2009.
8 Office of Foreign Assets Control (OFAC), «Release of Civil Penalties Information», septiembre de 2009, www.treas.gov/offices/enforcement/ofac/actions/index.shtlm (sitio consultado el 5 de octubre de 2009).
9 Ginger Thomson, «U.S. Official Meets With Cuban Authorities», The New York Times, 30 de septiembre de 2009.
10 Oficina de Ricardo Alarcón de Quesada, 22 de septiembre de 2009; Agence France Presse, «Cuba asegura que EE. UU .impidió viaje de 30 científicos», 23 de septiembre de 2009; Agencia Cubana de Noticias, «Washington Bans Orthopedics Doctors From Attending Event in Cuba», 22 de septiembre de 2009; Jim Abrams, «Senador intercede por permiso de viaje para la Filarmónica de NY», The Associated Press, 5 de octubre de 2009.
11 Jim Abrams, «Senador intercede por permiso de viaje para la Filarmónica de NY», op. cit.
12 María Pena, «Piden al Congreso eliminar restricciones de viajes de estadounidenses a Cuba», EFE, 1 de octubre de 2009.
13 Ibid.
14 Mauricio Vicent, « Cuba dice que Obama no ha tocado el embargo», El País¸ 16 de septiembre de 2009.
15 Barack Obama, « Remarks By the President of the United States to the United Nations General Assembly», op. cit.
16 Salim Lamrani, Cuba: ce que les medias ne vous diront jamais, (París: Editions Estrella, 2009), pp. 121-133.
17 Christopher Hitchens, «What Was Bill Thinking?», Newsweek, 24 de septiembre de 2009. http://www.newsweek.com/id/216052/ (sitio consultado el 5 de octubre de 2009).
18 Salim Lamrani, Cuba: ce que les medias ne vous diront jamais, op. cit., pp. 145-154.
19 Ibid., pp. 135-144.
20 Ibid. , pp. 107-120.
21 Ibid. , pp. 79-105.
Salim Lamrani es profesor encargado de cursos en la Universidad Paris-Sorbonne -Paris IV y en la Universidad Paris-Est Marne-la-Vallée y periodista francés, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Acaba de publicar Cuba: Ce que les médias ne vous diront jamais (Paris: Editions Estrella, 2009). Contacto: lamranisalim@yahoo.fr

miércoles, 16 de septiembre de 2009

¿Llegó la hora de poner fin a la globalización?

"Por Walden Bello
tomado de rebelión.org
El actual desplome global, el peor desde la Gran Depresión de hace 70 años, vino a remachar el último clavo en el ataúd de la globalización. Ya asediada por unos hechos que mostraban el incremento de la pobreza y de la desigualdad cuando los países más pobres experimentaron poco o ningún crecimiento económico, la globalización se ha visto terminalmente desacreditada en los dos últimos años, cuando el proceso, anunciado a bombo y platillo, de la interdependencia financiera y comercial invirtió su marcha para convertirse en correa de transmisión, no de prosperidad, sino de crisis y colapso económicos."

Fin de una era

En sus respuestas a la actual crisis económica, los gobiernos hablan con la boca pequeña de coordinación global, pero impulsan programas separados de estímulo económico para revitalizar sus mercados nacionales. Al hacerlo, los gobiernos pospusieron el crecimiento orientado a la exportación, motor principal de tantas economías, aun rindiendo el tributo de rigor a la promoción de la liberalización comercial como medio de contrarrestar el desplome global concluyendo la Ronda Doha de negociaciones comerciales bajo los auspicios de la Organización Mundial de Comercio.
Se reconoce cada vez más que no hay posibilidad de regresar a un mundo centralmente dependiente del gasto ilimitado de los consumidores norteamericanos, puesto que éstos se hallan en la bancarrota y nadie se apresta a ocupar su lugar.
Además, ya sea mediante acuerdos internacionales o unilateralmente ejecutadas por gobiernos nacionales, es lo más seguro que se imponga un rimero de restricciones al capital financiero, la desembridad movilidad del cual ha sido el percutor de la presente crisis.
Sin embargo, el discurso intelectual todavía no ha mostrado demasiados signos de ruptura con la ortodoxia. El neoliberalismo, con su énfasis en el libre comercio, la primacía de la empresa privada y un papel minimalista del Estado, sigue siendo la lengua franca de los fabricantes de políticas.
Los críticos del fundamentalismo de mercado que pertenecen al establishment, incluidas luminarias como los Premios Nobel Joseph Stigitz y Paul Krugman, se han enmarañado en interminables debates sobre el grado de duración que deben tener los programas de estímulos y sobre si el Estado debería mantener su presencia intervencionista en la industria automotriz y en el sector financiero, o, si, una vez lograda la estabilización, debería devolver las compañías y los bancos al sector privado. Además, algunos, como el propio Stiglitz, siguen creyendo en lo que lo que ellos perciben como beneficios económicos de la globalización, a condición de mitigar sus costes sociales.
Pero las tendencias en curso están desbordando a toda velocidad tanto a los ideólogos de la globalización neoliberal como a muchos de sus críticos, y desarrollos impensables hace unos pocos años van cobrando vida. "La integración de la economía mundial se halla en práctico retroceso por doquiera", escribe The Economist. Aunque la revista observa que las corporaciones empresariales siguen creyendo en la eficacia de las cadenas de oferta global, "como cualquier cadena, éstas son tan fuertes como su eslabón más débil. El momento peligroso llegará cuando las empresas decidan que este modo de organizar la producción ha llegado a su fin".
La "desglobalización", un término que The Economist me atribuye, es un desarrollo que la revista, el primer bastión mundial de la ideología del libre mercado, contempla como negativo. Sin embargo, yo creo que la desglobalización es una oportunidad. En efecto, mis colegas de Focus on the Global South y yo fuimos los primeros en proponer la desglobalización como un paradigma general para reemplazar a la globalización neoliberal. Y lo hicimos hace una década, cuando las tensiones, las presiones y las contradicciones que ésta ha traído consigo se hicieron dolorosamente evidentes.
Elaborado como una alternativa sobre todo para los países en desarrollo, el paradigma de la desglobalización no deja de ser pertinente para las economías capitalistas centrales.
Los 11 pilares de la alternativa
El paradigma de la desglobalización tiene 11 puntos clave:
1 La producción para el mercado interior tiene que volver a ser el centro de gravedad de la economía, antes que la producción para los mercados de exportación.
2 El principio de subsidiariedad debería respetarse como un tesoro en la vida económica promoviendo la producción de bienes a escala comunitaria y a escala nacional, si ello puede hacerse a coste razonable, a fin de preservar la comunidad.
3 La política comercial –es decir, cupos y aranceles— tiene que servir para proteger a la economía local de la destrucción inducida por mercancías subsidiadas por grandes las corporaciones con precios artificialmente bajos.
4 La política industrial –incluidos subsidios, aranceles y comercio— tendría que servir para revitalizar y robustecer al sector manufacturero.
5 Unas medidas, inveteradamente pospuestas, de redistribución equitativa del ingreso y de redistribución de la tierra (incluida una reforma del suelo urbano) podrían crear un mercado interno vigoroso que serviría de ancla de la economía y generaría los recursos financieros locales para la inversión.
6 Restar importancia al crecimiento, dar importancia a la mejora de la calidad de vida y maximizar la equidad reducirá el desequilibrio medioambiental.
7 Hay que propiciar el desarrollo y la difusión de tecnología que se compadezca bien con el medio ambiente, tanto en la agricultura como en la industria.
8 Las decisiones económicas estratégicas no pueden abandonarse ni al mercado ni a los tecnócratas. En cambio, hay que aumentar el radio de alcance de la toma democrática de decisiones en la vida económica, hasta que todas las cuestiones vitales (como qué industrias desarrollar o condenar, qué proporción del presupuesto público hay que dedicar a la agricultura, etc.) estén sujetas a la discusión y a la elección democráticas.
9 La sociedad civil tiene que controlar y supervisar constantemente al sector privado y al Estado,
un proceso que debería institucionalizarse.
10 El complejo institucional de la propiedad debería transformarse en una "economía mixta" que incluyera cooperativas comunitarias, empresas privadas y empresas estatales y excluyera a las corporaciones transnacionales.

11 Las instituciones globales centralizadas, como el FMI y el Banco Mundial, deberían ser substituidas por instituciones regionales fundadas, no en el libre comercio y la libre movilidad de capitales, sino en principios de cooperación que, para usar las palabras de Hugo Chávez en su descripción de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), "transcienda la lógica del capitalismo".
Del culto a la eficiencia a la economía eficaz
El propósito del paradigma de la desglobalización es superar la economía de la eficiencia estrecha, cuyo único criterio clave es la reducción del coste por unidad, por no hablar de la desestabilización social y ecológica que el proceso inducido por el respecto supersticioso de ese criterio trtae consigo. Es superar un sistema de cálculo económico que, por decirlo con palabras de John Maynard Keynes, "convierte todo el comportamiento vital … en una suerte de paradójica pesadilla de contables". Una economía eficaz, en cambio, robustece la solidaridad social subordinando las operaciones del mercado a los valores de equidad, justicia y comunidad y ensanchando la esfera del proceso de toma democrática de decisiones. Para servirnos del lenguaje del gran pensador húngaro Karl Polanyi en su libro La gran transformación, la desglobalización monta tanto como "reincrustar" la economía en la sociedad, en vez de dejar a la sociedad abandonada al control de la economía.
El paradigma de la desglobalización sostiene también que un modelo extremistamente unidimensional, como el neoliberalismo o como el socialismo burocrático centralizado, es disfuncional y desestabilizador. En cambio, habría que esperar e incentivar la diversidad, como en la naturaleza. La teoría económica alternativa tiene principios compartidos, y esos principios han aparecido ya substancialmente en la lucha contra y en la reflexión crítica sobre el fracaso del capitalismo y del socialismo centralizados.
Sin embargo, la articulación concreta de esos principios –los más importantes de los cuales acaban de ser mencionados— dependerá de los valores, de los ritmos y de las elecciones estratégicas de cada sociedad.
El pedigrí de la desglobalización
Aunque pueda sonar radical, lo cierto es que la desglobalización no es ninguna novedad. Su pedigrí incluye los escritos del eminente economista británico Keynes, quien, en el momento culminante de la Gran Depresión, se avilantó a dejar esto dicho: "No deseamos… estar a merced de fuerzas mundiales que generan, o tratan de generar, algún equilibrio uniforme, de acuerdo con principios de capitalismo de laissez faire". En efecto, proseguía, para "un abanico crecientemente extendido de productos industriales, y tal vez también agrícolas, se me ha hecho dudoso que el coste económico de la autosuficiencia sea lo bastante grande como para contrarrestar las otras ventajas dimanantes de reunir gradualmente al productor y al consumidor en el ámbito de la misma organización nacional, económica y financiera. Se acumula la experiencia probatoria de que el grueso de los procesos de la moderna producción en masa pueden ejecutarse en la mayoría de los países y en la mayoría de los climas con una eficiencia prácticamente idéntica".

Y con palabras que suenan muy contemporáneas, concluía Keynes: "Yo simpatizo… más con quienes querrían minimizar que con quienes querrían maximizar la urdimbre de imbricación económica entre las naciones. Las ideas, el saber, el arte, la hospitalidad, los viajes; todas esas cosas deberían, por su propia naturaleza, ser internacionales. Pero dejemos que los bienes se hagan en casa cuando ello sea razonable y convenientemente posible; y sobre todo, dejemos que las finanzas sean prioritariamente nacionales."

Walden Bello, profesor de ciencias políticas y sociales en la Universidad de Filipinas (Manila), es miembro del Transnational Institute de Amsterdam y presidente de Freedom from Debt Coalition, así como analista sénior en Focus on the Global South.
Traducción para www.sinpermiso.info: Ricardo Timón

jueves, 3 de septiembre de 2009

Keynes, ¿Un hombre actual?

"Un artículo muy interesante por parte de Walden Bello. Merece mucho la pena darle un vistazo. Sigan el link.

http://www.sinpermiso.info/#"


jueves, 27 de agosto de 2009

El petróleo, mejor bajo tierra

"Coincidencia número uno: comencé a preparar este artículo mientras los señores del G-8 proclamaban solemnemente nuevos compromisos para enfrentarse al cambio climático. Suponiendo que esta vez vaya en serio, ¿se les ha ocurrido cómo hacerlo, tienen un plan B al modelo energético actual? Coincidencia número dos: hace un mes, en este periódico Pere Rusiñol escribía un excelente reportaje sobre el boom petrolero en Guinea Ecuatorial. ¿Necesitamos más evidencias para cuestionar un modelo de desarrollo extractivista de un recurso finito y con tanta injusticia ecosocial en su mochila?"

Digo coincidencias porque el motivo de este escrito es reflexionar precisamente sobre una creativa, valiente y muy valiosa iniciativa que enfoca ambas cuestiones desde un nuevo paradigma que, en mi opinión, debemos tener muy presente. Algo tan sorprendente como la propuesta ecuatoriana (parece que en Nigeria se estudia una propuesta similar) de conservar el petróleo en el subsuelo. Sí, han leído bien, dejar bajo tierra el crudo que podría reportar miles de millones a un país con tantas necesidades como Ecuador.
Una opción ecológica muy razonable para reemplazar el modelo eco-ilógico impuesto bajo el paradigma del libre mercado y del crecimiento ilimitado. Se trata de la Iniciativa ITT Yasuní, declarada política oficial del Gobierno de Correa en junio de 2007, que defiende la idea de no explotar las reservas de petróleo existentes en el área Ishpingo Tambococha Tiputini –en el Amazonas del Ecuador–, donde se localiza el Parque Nacional del Yasuní de enorme valor en biodiversidad –valor ecológico frente a valor monetario–, pues es una de las regiones de bosque tropical del mundo más rica en especies. Se calcula que sólo dentro de una hectárea del Yasuní se encuentran 644 especies de árboles, tantas como especies de árboles nativos existen en toda América del Norte.

La idea inicial se remonta a 1997, cuando la organización ecuatoriana Acción Ecológica planteó una moratoria de extracción de petróleo en zonas frágiles amazónicas con el fin de evitar la producción de CO2 al quemar ese petróleo. La idea fue retomada por Alberto Acosta cuando fue ministro de Energía con Correa y ahora es impulsada por un fuerte equipo coordinado por el canciller de Exteriores, Fander Falconi, Doctor en Ciencias Ambientales y Economía Ecológica en la Universidad Autónoma de Barcelona. Algo de todo esto tendrá entonces que ver con el catedrático Joan Martínez Alier, impulsor del ecologismo político en España y América Latina. En los próximos años todas las sociedades del Planeta tendrán que haberse acomodado a una nueva realidad sin petróleo, por lo que asumirlo cuanto antes nos hará estar mejor preparados. Por un lado, redirigiendo las inversiones petroleras a un desarrollo sostenible y apropiado a las necesidades de cada región (no a las de la familia de Obiang, por ejemplo).
Y por otro, pudiendo evitar desde ya todos los efectos negativos que sabemos trae consigo la explotación de este recurso. Son las llamadas externalidades. A nivel local, sobretodo en países empobrecidos como es el caso de Ecuador, Guinea o Nigeria, la explotación petrolera supone contaminación, deforestación, pérdidas de la productividad de las economías de autosustento practicadas por las comunidades locales (algunas de ellas en aislamiento voluntario), expulsión de comunidades campesinas y la desaparición completa de algunas culturas y lenguas indígenas. Y a nivel global, el calentamiento del clima y todos sus derivadas.

La cuadratura de este círculo sí es posible. Aunque los cálculos numéricos son difíciles de hacer (variabilidad del precio del petróleo en los años que dure la extracción, por ejemplo) una cifra orientativa calculada por expertos en el tema nos dice que el Estado ecuatoriano obtendría 5.000 millones de dólares de ingresos por la extracción y comercialización de las reservas de los 846 millones de barriles de petróleo que guarda el subsuelo de Yasuní. Pero tenemos que restar. Primero descontar unos 1.300 millones de dólares equivalentes a los costes de las externalidades antes mencionadas que se producen a nivel local y que se pueden calcular, por ejemplo las pérdidas por la contaminación de tierras y ríos. (Ciertamente, no se puede calcular los costes de la desaparición de una cultura, de unas especies animales o vegetales). Y posteriormente rebajar unos 1.700 millones más por los costes para todo el Planeta de las emisiones de CO2 que se provocarían. Es decir, al final el “beneficio monetario” de sacar el petróleo a la superficie para nuestro Planeta sería de unos 2.000 millones de dólares.

Y esa cifra es la que Ecuador solicita a la comunidad internacional. Ecuador deja de ingresar 5.000 millones si el resto del mundo se compromete solidariamente a aportar 2.000 millones. Ecuador obtendría 2.000 millones de dólares –sin perjudicar a sus comunidades y a su naturaleza–, que se compromete a dedicar a proyectos sostenibles para mejorar la agricultura local, la pesca artesanal, desarrollar energías renovables, etc. Y el resto del mundo invierte el dinero que gastaríamos en combatir el cambio climático asegurándonos que se mantiene Yasuní, con todas sus culturas, con toda su biodiversidad, capturando CO2 y produciendo vida, para hoy y para mañana. Todos ganamos. Coincidencia número tres: ya tenemos el primer aporte proYasuní. El Gobierno federal de Alemania está decidido a apoyar el fondo fiduciario de la Iniciativa ITT-Yasuní con 50 millones de dólares anuales en los siguientes años. ¿Seguimos? Un futuro mejor y sin petróleo es posible.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=90558&titular=el-petróleo-mejor-bajo-tierra-
Gustavo Duch es Ex director de Veterinarios Sin Fronteras y colaborador de la Universidad Rural Paulo Freire

jueves, 6 de agosto de 2009

El movimiento Indígena

"por Mónica Bruckmann
tomado de alainet.net
La crisis mundial contemporánea no sólo se manifiesta en su dimensión económica y principalmente financiera, sino que representa también una profunda crisis civilizatoria del capitalismo mundial como modo de organización de la sociedad y como forma de producir conocimiento, al mismo tiempo que cuestiona fuertemente el sistema de poder en el planeta. Asistimos a la decadencia de un sistema hegemónico unipolar que necesita cada vez más de la intervención militar brutal para validar su condición de dominación, convirtiendo la civilización occidental en una fábrica de barbarie y de políticas de irrespeto a los principios fundamentales de convivencia de la humanidad. "

La visión eurocéntrica

En la base de este sistema de dominación se ubica la perspectiva eurocéntrica como fundamento ideológico y como forma de producción y control de la subjetividad de las sociedades. La producción y reproducción de la vida material de los pueblos y la elaboración de sus imaginarios están dominados por la idea de que la civilización occidental es el único modelo civilizatorio del planeta, y que todas las demás civilizaciones, sin importar su nivel de elaboración y complejidad, su grado de desarrollo o sus aportes a la humanidad, son consideradas apenas culturas atrasadas respecto al modelo impuesto. La arrogancia de esta visión eurocéntrica no sólo justificó violentas formas de colonización y colonialismo sino que se convirtió en una barrera cognitiva que impidió a Occidente conocer y comprender la complejidad del mundo y las más antiguas e importantes civilizaciones del planeta. De esta manera, se despreciaron conocimientos milenarios, formas de organización de la vida y la sociedad no-occidentales, formas más humanas de relación con la naturaleza y la vida, sensibilidades estéticas altamente elaboradas, producción artística y cultural de gran importancia, aportes filosóficos e inclusive el denso pensamiento social producido fuera de los países centrales de occidente.

El eurocentrismo impuso una forma de hacer ciencia y un camino único de producción de conocimiento, que redujo a la condición de a-científico, para-científico o folklórico todo aquel conocimiento producido fuera de estos cánones. En esta perspectiva, el tiempo no existe, pues el conocimiento es universal y válido para cualquier tiempo histórico y para cualquier realidad social del planeta. Esta incapacidad de comprender que la teoría, la ciencia y el conocimiento son productos históricos, ha significado una de las principales limitaciones de la ciencia positivista. Esta ciencia, cada vez más preocupada con su coherencia interna que con la realidad social, se ha encerrado en sí misma para producir sus propias premisas y otorgar a sus deseos, la condición de conclusiones científicas. De esta manera, ha perdido la capacidad de comprender la complejidad del mundo contemporáneo y de cualquier intento de prever escenarios futuros. La humanidad está en camino a romper profundamente con estos paradigmas de ciencia y con esta visión del mundo y de la humanidad.

¿Modernidad vs atraso?

En América Latina la idea de modernidad, como modo de existencia social y como patrón de desarrollo, surge en el centro mismo del sistema colonial y como parte integrante de esta estructura de dominación y de poder. Como sostiene el sociólogo peruano Aníbal Quijano, al analizar el surgimiento de la noción de modernidad, se trata de un momento en la historia en el cual los varios tiempos e historias se configuran en complejas, contradictorias y discontinuas asociaciones entre estructuras fragmentarias y mutantes de relaciones de sentidos y de significados partes de un mismo y único mundo nuevo en plena constitución.[1] La idea de modernidad, entonces, surge en la base de la estructura de poder colonial, y se convierte en un mecanismo legitimador que impone la civilización occidental como la única vía de alcanzar el llamado “progreso”. Todo aquello que estuviera fuera de esta visión y de esta forma de organización social era considerado pre-moderno o atrasado.

Esta noción de modernidad, insertada orgánicamente a la estructura de poder colonial tuvo una enorme capacidad destructora y desarticuladota de las sociedades originarias latinoamericanas. En nombre de la modernidad se destruyeron estructuras enteras de conocimiento y sabiduría milenaria, así como avanzados modos de producción agrícola y formas de organización social comunitarias. Se puso en práctica una acción sistemática de destrucción de la memoria colectiva de los pueblos y civilizaciones americanas, de su imaginario histórico y de su propia percepción de pasado y futuro. Esta enorme capacidad destructiva significó también el propio exterminio de las poblaciones originarias, que a la llegada de los colonizadores europeos se estimaba en más de cien millones de habitantes y que en pocas décadas se vio reducida a casi la mitad.

Si América Latina fue el lugar desde donde se generó la acumulación de capital y las bases materiales para la construcción de la Europa Occidental como centro hegemónico mundial a partir del siglo XVI, es ahora la región donde se están desarrollando los nuevos elementos para la construcción de una civilización planetaria, más equilibrada e inclusiva, capaz de romper radicalmente con la herencia colonial y la visión eurocéntrica. Están surgiendo, en el continente latinoamericano, experiencias ricas y diversas de transformación social que están cambiando el escenario político, económico y cultural en la región.

Este proceso de transformación nos plantea grandes desafíos. Se hace necesario re-elaborar nuestra historia fuera de la visión colonial y crear matrices teóricas y metodológicas de producción de conocimiento capaces de dar cuenta de la complejidad y densidad de la realidad social. Pero sobre todo, se hace necesario apelar a nuestro legado civilizatorio, al conocimiento milenario y ancestral, a los saberes y formas de ver y sentir el mundo para re-construir nuestra memoria colectiva, deformada o destruida por la colonialidad, y construir nuestras identidades y nuestros proyectos de futuro y de sociedad.

El movimiento indígena latinoamericano

El movimiento indígena es quizás uno de los elementos más transformadores de esta densa realidad latinoamericana contemporánea. Éste se construye como un movimiento social de dimensión regional con un profundo contenido universal y una visión global de los procesos sociales y políticos mundiales. Al mismo tiempo, ha dejado de ser un movimiento de resistencia para desarrollar una estrategia ofensiva de lucha por el gobierno y el poder, especialmente en la región andina de América del Sur. A partir de una profunda crítica y ruptura respecto a la visión eurocéntrica, a su racionalidad, a su modelo de modernidad y desarrollo inserto en la estructura de poder colonial, el movimiento indígena latinoamericano se plantea como un movimiento civilizatorio, capaz de recuperar el legado histórico de las civilizaciones originarias para re-elaborar, no una, sino varias identidades latinoamericanas; no una forma de producir conocimiento, sino todas las formas de conocimiento y producción de conocimiento que han convivido y resistido a más de quinientos años de dominación. El elemento indígena se va convirtiendo en el centro del discurso y de la construcción de una visión del mundo, de un sujeto político y de un proyecto colectivo y emancipatorio. En las líneas que siguen, analizaremos este proceso.

El movimiento indígena como unidad geográfica e histórica

El movimiento indígena latinoamericano ha dejado de ser un conjunto de movimientos locales para convertirse en un movimiento articulado y articulador que se construye en los espacios geográficos de donde se desarrollaron las civilizaciones originarias. En el caso América del Sur, el movimiento indígena se construye en el espacio geográfico donde se desarrolló la civilización inca y las varias civilizaciones que la precedieron, ocupando los territorios de Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Quinientos años de colonización no fueron suficientes para desarticular una unidad histórica y civilizatoria, como fue el “Tawantinsuyo” de los incas, y su profundo arraigo en un espacio geográfico específico: Los Andes. Los Estados nacionales conformados a partir del siglo XIX con las guerras independentistas no sustituyeron las profundas raíces históricas de los pueblos indígenas, que se reconocen quechuas, aymaras o mapuches, antes que bolivianos, peruanos o ecuatorianos.

La reconstrucción de los Andes como unidad geográfica y las civilizaciones pre-Incas e Inca, como unidad histórica, ha profundizado el proceso de integración del movimiento indígena sudamericano, que en julio de 2006, en la ciudad de Cuzco, funda la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas – CAOI - con la participación de los pueblos Quechuas, ichwas, Aymars, Mapuches, Cymbis, Saraguros, Gumbinos, Koris, Lafquenches, Urus, entre otros tantos pueblos indígenas originarios de la región Andina[2]. En el acta fundacional, firmada por más de once organizaciones representativas, se establece una amplia plataforma de lucha para el movimiento indígena de todo el continente que incluye entre sus principales banderas la construcción de los Estados Plurinacionales; la defensa de los recursos naturales y energéticos, el agua y la tierra; los derechos colectivos de las comunidades indígenas y la autodeterminación de los pueblos como principio fundamental. Se trata de un plan de acción que incluye principios fundamentales de convivencia humana y de profundo respeto a las diferentes culturas, pueblos y nacionalidades.

Se han creado, en los últimos años, múltiples y diversos espacios de coordinación y articulación del movimiento indígena en la región, diversos foros de intercambio y movilización, al mismo tiempo que se han diversificado las organizaciones y redes indígenas y de los pueblos originarios. Esto ha generado una intensa dinámica y una creciente capacidad de movilización en los niveles locales, regionales y continental, con una clara vocación de articulación planetaria. Durante el último Foro Social Mundial de Belén, en enero de 2009[3], las organizaciones y redes indígenas ahí reunidas emitieron una declaración llamando a la más amplia unida para articular alternativas a la “crisis de civilización occidental capitalista”. Entre los principales ejes movilizadotes de este llamado están:

- La tierra como fuente de vida y el agua como derecho humano fundamental;
- Descolonialidad del poder y el autogobierno comunitario;
- Los Estados Plurinacionales;
- La autodeterminación de los pueblos;
- La unidad, equidad y complementariedad de género;
- El respeto a las diversas espiritualidades desde lo cotidiano y diverso;
- Liberación de toda dominación o discriminación racista, etnicista o sexista;
- Las decisiones colectivas sobre la producción, mercados y la economía;
- La descolonialidad de las ciencias y tecnologías;
- Por una nueva ética social alternativa a la del mercado.

La Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas se ha convertido en un espacio dinámico de articulación política y social, que se proyecta hacia las organizaciones indígenas de la Cuenca Amazónica y de Centro y Norte América, ampliando el espectro de unificación, articulación e integración del movimiento indígena en todo el continente.

El Estado plurinacional como proyecto político

La plurinacionalidad, planteada como bandera política por el movimiento indígena de los años 90, ha sido asumida por las fuerzas progresistas de países como Bolivia y Ecuador, lo que ha permitido un amplio movimiento político y social capaz de aprobar en plebiscitos nacionales, o a través de asambleas constituyentes, esta nueva forma política e institucional de Estado. El Estado Plurinacional se plantea como proyecto político que cuestiona profundamente la visión homogenizadora del Estado-nación y con ello, la tradición política occidental en América Latina. Este nuevo modelo de Estado es profundamente incluyente. Basado en el principio de “unidad en la diversidad”, reconoce la existencia de múltiples nacionalidades, culturas, lenguas, religiones, y formas de espiritualidad. Incorpora las formas comunales de organización y autoridad en la propia institucionalidad del Estado, constituyendo una experiencia política absolutamente nueva en la región.

La constitución boliviana, recientemente aprobada por plebiscito nacional, establece en su primer artículo:

“Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país.” [4]

Se trata de un proyecto que debe construir aún su propia institucionalidad, pero que puede representa un modelo político cualitativamente superior al Estado-nación que sustenta la unidad nacional en la homogenización superficial y en la discriminación y exclusión cultural.

La tierra que nos acoge

La histórica lucha de los indígenas latinoamericanos por la tierra no sólo tiene que ver con la recuperación de un medio de producción fundamental que les fue violentamente expropiado desde los primeros momentos de la colonización europea hace más de quinientos años. La tierra tiene un sentido muy profundo en la cosmovisión y en la forma misma de existencia de los pueblo indígenas: ella es la “madre que nos acoge” o “Pachamama”[5], el espacio donde la vida se crea y se re-crea. En la visión indígena, el hombre debe “criar a la madre tierra y dejarse criar por ella”. Esta relación profunda entre el hombre y la tierra como fuente de vida se contrapuso radicalmente a la visión del colonizador que veía la tierra como objeto de posesión y espacio de saqueo y extracción de metales y piedras preciosas, objeto de depredación. Estas visiones contrapuestas produjeron enormes tensiones y sufrimientos en los pueblos indígenas de nuestro continente, pues fue justamente la mano de obra indígena la que sustentó la minería en las colonias, que permitió la acumulación de capital que sustentó la hegemonía portuguesa y española en el sistema mundial. El trabajo esclavo en las minas fue uno de los principales mecanismo de exterminio de la poblaciones indígenas en nuestro continente.

Después de varios siglos de resistencia, el movimiento indígena contemporáneo recupera el sentido fecundo de su relación con la tierra, exigiendo el respeto a ésta como fuente de vida. Se trata entonces de preservar la tierra, el medio ambiente en que vivimos, el espacio donde nuestros hijos nacen y crecen, donde la flora y fauna nativa debe ser aprovechada por el hombre con un sentido de respeto y preservación. Esta postura ecológica, que corresponde a una visión milenaria del mundo, coloca al movimiento indígena latinoamericano en una posición de vanguardia planetaria, que levanta banderas universales para la sobre vivencia de la humanidad y del planeta, que exige que la extracción de recursos naturales y energéticos se realice sin depredar la tierra y favoreciendo principalmente a las poblaciones que viven en los territorios donde estos recursos se encuentran.

De esta manera, la vida y el ser humano se elevan a la condición de valores fundamentales para la organización de la sociedad y de un nuevo modelo de desarrollo y proyecto colectivo de futuro, sintetizado en el principio indígena del “buen vivir”.

Descolonialidad del poder: “mandar obedeciendo”

La organización comunitaria, el principio de la reciprocidad y solidaridad social, son características de algunas sociedades indígenas pre-coloniales, que han sido retomadas por el movimiento indígena latinoamericano como prácticas cotidianas que afirman un legado civilizatorio y una forma propia de ver el mundo. Al mismo tiempo se crean nuevas formas de autoridad colectiva y de autogobierno comunitario que rescata la comunidad como fuente de todo y cualquier poder y el poder del individuo sometido a la comunidad. Un ejemplo de estas nuevas formas de autoridad y ejercicio del poder han sido dadas por el Movimiento Zapatista en México, con el principio de “mandar obedeciendo”, que refleja claramente estas dos dimensiones de la autoridad.

Estamos pues frente a enormes desafíos. Tal vez una de las principales tareas emancipadoras consiste en liberarnos del eurocentrismo como visión del mundo y como estructura de producción de conocimiento. Se hace necesario re-elaborar nuestra historia y recuperar nuestra memoria colectiva y legado civilizatorio para construir nuestros propios modelos de desarrollo y proyector de futuro. El movimiento indígena nos ofrece enormes potencialidades y, por la profundidad de su propuesta y de su praxis, abre un nuevo horizonte histórico en América Latina y en el mundo.


- Mónica Bruckmann es socióloga peruana, doctoranda en ciencia política por la Universidad Federal Fluminense (Brasil) e investigadora de la Cátedra y Red UNESCO/UNU sobre Economía Global y Desarrollo Sustentable – REGGEN.